ARTE DOMESTICO, ¿O DOMESTICADO?
El mundo del arte electrónico es enorme y apasionante. Incluye robots, animaciones realizadas por computadoras, entornos de participación donde experimentar la relación entre el hombre y la máquina o con otros hombres, piezas organizadas hipertextualmente en soporte CD, realidad virtual, vida artificial... Nuestra definición debe abarcar todos estos tipos, pero al mismo tiempo no debe incluir nada que no sea arte electrónico.Y aquí surge la gran paradoja: en la mayoría de los festivales de arte electrónico, gran parte de las piezas presentadas son audiovisuales. En concreto, vídeos rodados tranquilamente con cámaras, a menudo caseras. ¿Y qué tiene que ver el vídeo doméstico con el arte electrónico?
En una u otra ocasión, casi todos los medios de comunicación (palabra escrita, música, vídeo, teatro, arte visual, cine...), y más exhaustivamente los tres sistemas de signos (sonido, dibujo y escritura) conocidos por la humanidad, han sido objetos de un concienzudo examen crítico. Pero hasta la llegada de la tecnología de los bits, que permite la fusión de los tres sistemas de signos, no ha aparecido el universo digital, origen de una revolución en el terreno de la comunicación que nos afecta masivamente desde hace unos cinco años. Mutación tecnológica que acoge el nacimiento del arte electrónico como aquel capaz de integrar los tres sistemas de signos en un mismo soporte (información codificada en forma de ceros y unos) que viaja a la velocidad de la luz. De manera que el artista electrónico tiene el reto de dominar simultáneamente la técnica literaria, fonética y plástica, lo que le sitúa en el lugar conceptual del pionero.
El artista pionero dispone pues unas nuevas tecnologías con las que intenta producir, dentro de un medio de comunicación -que esta vez sí le resulta familiar-, el protocolo artístico. Y lo que fue un accidente para aquellos cuya adopción del nuevo medio se hizo de manera involuntaria se convirtió en un contrasentido para aquellos que lo afrontaron como necesario. Muchos de estos últimos hacen un arte electrónico no electrónico.
Tiene toda la apariencia del futuro arte electrónico, pero no esta producido con la nueva tecnología digital o ésta se halla infrautilizada. No debería resultar tan raro, si pensamos que los pintores impresionistas pintaban más fotográficamente que muchos fotógrafos, aunque su medio, la pintura, fuera más lento. Del mismo modo, el método de todos estos pioneros consiste en hacer como si hicieran arte electrónico o como si tomaran instantáneas. Y ese método garantiza que los procedimientos que están poniendo a prueba les acercan verdaderamente, efectivamente, al vacío desconcertante generado por las nuevas tecnologías de la comunicación.
No es una huida hacia delante. Sinceramente están intentando no confundir el mensaje con el mensajero. Por eso buscan un estilo que hará surgir temas, géneros y gestos nuevos, aunque el soporte no sea más que un cavernícola vídeo casero. O unos fotogramas en un catálogo, tan mudos como esos cuadros medievales (¿multimedia?), desplazados al museo, que lejos de la iglesia para la que fueron concebidos, separados de las otras viñetas que los acompañaban, y a falta de la banda sonora del cura platicando, son más difíciles de entender. Hoy, del mismo modo, sacando la obra digital fuera de su contexto tecnológico, estamos ofreciendo un verdadero sucedáneo.
Es muy frecuente que en esos vídeos y animaciones aparezcan personajes que escenifican ideas. Así, si un hombre blanco se chupa la polla a sí mismo y, seguidamente un negro hace lo propio, tal vez quieran decir: "Conviértase usted en un monstruo". O si sale un paleto contando una historia, puede que el lema rece: "Sea usted más sencillo".
Si la imagen se ve afectada por el efecto pixel gordo, o el personaje es un funambulista o la acción transcurre en una feria de las de pasen-y-vean, el gesto puede expresar una obsesión o acaso lo más probable es que se trate de un mero capricho.
Visto desde otra perspectiva, tal vez el arte electrónico resulte un buen vehículo para la desfachatez. O puede que el humor sea más verde, como el belga, y menos negro que el francés. O quizás es que no llueve, y nos están escupiendo.
Incluso es posible que este sea , inadvertidamente, tan sólo el "viaje inútil de dos aprendices gandules", como el emprendido por los personajes haraganes concebidos conjuntamente por Charles Dickens y Wilkie Collins para aturdirse a gusto. Adoptado como técnica expresiva porque no queremos sufrir la metamorfosis, ese paso del renacuajo a la rana, ¡qué desorientación de los sentimientos!
Y es que hoy una respuesta absoluta y sobrehumana, convertida en objeto, nos resulta un ídolo demasiado repelente. No comprendemos por qué el artista otorga una expresión de ira a una cabeza de estopa y tela y la deja así, con esa ira, esa convulsión, esa tensión para siempre, encerrada en una rabia ciega que no tiene escapatoria. Es un riesgo muy grande hacer bromas con la materia. La gente, por lo general, tiende a reirse de semejante parodia, o a quedarse perplejo.
¡Tengo miedo!
S.O.S.
Help, ayúdame
¡Viva el paro!
¡Vive el paro!
El tiempo ha dicho: que te chupe ¿qué?
Estamos haciendo tiempo
DALÍ, Miró y Picasso
La luz al final del túnel.
Ranas y nenúfares
Manzanismos sangrantes
No hay nadie
Negro y radiante
Negro y rayante
Alma de galaio
Yo fui un alumno adolescente
Fiesta senegalesa
¿ventana? O ¿pasillo?
Game over. Inténtalo de nuevo.
La aventura, más que productiva, resulta entretenida.
Por Almudena Baeza, del grupo Libres Para Siempre